Jean-Marc Philippe
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Escritos

¿Tiene todavía sentido el trabajo hoy? (testimonio)

Jean-Marc Philippe

Management & Conjoncture sociale, n.º 410 («Le travail a-t-il encore un sens aujourd'hui ?»), 19 de abril de 1993, p. 20.

p. 20

Un artista no percibe sin duda la noción de trabajo como cualquier otra persona. Tampoco asocia sin duda las «mismas razones profundas» a sus gestos y a sus motivaciones no menos «profundas». Me parece entonces evidente que mi testimonio alimente las zonas periféricas, fuera de la norma, de las curvas estadísticas, lo que muestra bien que aquí y allá existen espíritus marginales que también pueden tener derecho de ciudadanía. Son posibles varias actitudes en el enfoque: ser frívolo o bien escrutar en lo grave.

Desde hace varios días, la pregunta, de doble articulación, me persigue. Varios días en que, en cada momento de lo que emprendo o de lo que realizo, me pregunto: ¿estoy en un momento que tiene sentido, en mi trabajo del instante preciso, o, por el contrario, lo que hago está fuera de sentido o fuera del sentido, y puede estarlo, en términos absolutos? ¿Y cuáles son, o serían, esas razones profundas que me animan en este trabajo… ahí, en el instante? En resumen, esta pregunta de doble fondo me ha hecho, desde hace varios días, calzarme unas gafas que ahora quiero quitarme: porque me envenenan primero la espontaneidad y después la lectura inocente del momento. Me hacen, lo digo bien, dar traspiés. Traspiés cuando para mí, hasta entonces, el momento, el instante, es esa materia prima —pequeño trozo de tiempo único— que cada ser vivo tenía, si no la misión de trascender, al menos la capacidad de proponerse hacerlo. Y, en mi percepción de «artista», en efecto, cada pequeño trozo de instante «logrado» participa, por oposición a los que no lo están, en el gran mosaico de mi vida, en esa conciencia de mi existencia tanto en su designio como en su diseño. Y, secreto de mí mismo, la vida no me parecía jugable y bella, amable e interpelante más que si, y solo si, mis diseños y designios de mí mismo eran respetados, por no decir realizados, y si algo que participara del sentido y de su búsqueda, o que los anunciara, estaba representado.

Entonces la respuesta se adivina en mi caso marginal: si trabajo en algo que tiene sentido y que colma mi vida, no trabajo sino que soy, soy existencialmente como respiro, respondo a algo esencial e ineludible. Existo, y canta entonces en mí la dicha inaudita de ser, y estas células, esas que me componen y que me hacen, vibran en respuesta, y mi corazón se desboca y alabo a la vida por existir. Pero cuando me calzo esas malditas gafas como los dos cristales de la pregunta de doble articulación, varios días de indagación sobre mí mismo, tropiezo frente a la norma. Pues me veo entonces totalmente forzado a asimilar los momentos en que deambulo y sueño a aquellos en que trabajo, puesto que esas dos actividades me confortan por igual en esos designios de mí mismo que evocaba hace un instante, y en la medida, también, en que los primeros fortalecen y prolongan los segundos.

Lo cual quiere decir sin duda que esta vida me habrá permitido no tener nunca que bregar ni hacer trabajo de peón, cuando en otras partes esa es con demasiada frecuencia la suerte común, si se considera que hoy más que nunca el sentido y el pensamiento han desertado de la escena.

¿Llevar una vida más tranquila? Ya me falta tiempo para correr hacia lo que constituye mi vida, es decir, mi obra, y concretarla. Corro, quizá más que nadie, pero corro libremente, como siguiendo una línea de máxima pendiente. Como todo el mundo, también, pierdo en ello a seres queridos que esperaban más de lo que yo podía ofrecerles en tiempo y disponibilidad.

Por otra parte, como a todo el mundo, el vacío, ese vacío que rezuma angustia, me horroriza. Entonces, a veces, me pregunto: ¿y si, frente a ese vacío que rezuma angustia, «mi» respuesta estuviera en la creación artística, único antídoto positivo que conozco que segrega sus propias recompensas? Pues, bien pensado, aunque se trate de un antídoto, él, y solo él, sabe devolverme fuerzas nuevas para, cuando me despierto cada mañana que ha hecho mi vida hasta ahora, estar en la impaciencia, la fecundidad y la espera de una jornada nueva en la que el mundo entero puede realizarse o revelarse.

Transcripción según la edición original (archivo Jean-Marc Philippe). © Jean-Marc Philippe / derechohabientes.